El Perú vive uno
de los mejores momentos de su historia republicana. En las últimas dos décadas,
y gracias a principios económicos respetados por los sucesivos Gobiernos, la
economía nacional ha evidenciado tasas de crecimiento, inflación baja y
controlada, gran solidez fiscal, alto nivel de reservas, buen clima de
inversión, entre otros aspectos positivos.
Comparando con
otros países cercanos a la región, el Perú exhibe hoy un nivel de productividad
aún bajo y heterogéneo, alta presencia de empleo informal, gran desigualdad en
los ingresos, bajo nivel de innovación, débil institucionalidad y una canasta
exportadora todavía poco diversificada y concentrada en recursos naturales.
Por ello, la
economía peruana necesita identificar e impulsar nuevas actividades productivas
que sean motores adicionales del crecimiento y promuevan una mayor
diversificación económica, permitan reducir su vulnerabilidad externa, mejorar
su rendimiento y maximizar sus posibilidades de sostener un crecimiento
económico a largo plazo.
Si bien el país
cuenta con gran potencial que aún no ha sido plenamente aprovechado, existe el
riesgo de perder mucho de lo avanzado si se cae en la complacencia o se comete
el error de pensar que el futuro está asegurado.
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